AMANTES DEL CAMPO

martes, 10 de julio de 2012

CEBOLLAS ROJAS DEL TERRENO Y MÁS

De las 4 variedades de cebollas que he sembrado en el huerto ésta es la más peculiar, son las cebollas moradas de Almuñécar.
La planta me la ha proporcionó mi vecina Elvira Tere, vaya mujer interesante (que se entienda en el sentido de lo que sabe del campo).

Cuando me las dio me comentó que estas cebollas eran las mismas que sembraba su padre  y su abuelo. Que ella siempre las había visto  sembrar, y que de sabor eran las mejores que había. Me decía, Javier, cuando te comas un plato de puchero acompáñalo con estas cebollas, son dulces y sabrosas, ya verás.

De las 20 plantas que me dio, una se me ha perdido, he separado las 3 mejores para obtener sus semillas en la próxima campaña y el resto las he dejado para el consumo, las primeras van a caer mañana mismo con un potaje de lentejas, que también combinan bien.

Por otro lado, he sacado las semillas de dos zapallitos de tronco que se estaban ailando. Para que queden libres de hongos las lavo bien con jabón y las froto con esponja vegetal. Cuando ya están limpias mezclo agua con un poco de azufre y la restriego con las semillas. Las dejo que se sequen a la sombra y las guardaré para el año que viene. Ante el éxito obtenido, la próxima primavera, sembraremos muchas plantas de zapallitos.

El amigo Silvio sigue levantando el muro de 2º bancal, ya ha llegado al primer mango. ¡Qué hombre! Es como las hormiguitas, todos los días un poco y cuando menos te lo esperas lo tiene terminado.

El día de la despedida de fin de curso, mi compañera María José apareció con un esqueje de Ginkgo Biloba, lo había arrancado unos días antes de los árboles que han sembrado en la Gran Vía de Granada. Venía todavía con las hojas verdes y tersas. Cuando llegué al Cortijo le preparé su tiesto con buena tierra y le he tenido húmedo desde entonces.

Hace unos 25 años me habló por primera vez de este árbol mi amigo Manolo, el de Castellar de Santiago (en Ciudad Real), de cuando estuvo de agente forestal. Me decía que era uno de los árboles más interesante que existían, que cada uno de ellos tenía un espíritu especial y un comportamiento diferente, que eran enormemente sensibles y que su fortaleza y presencia había sorprendido a todo el que había entrado en contacto con él. Recuerdo que me dijo que son como espíritus reencarnados que encierran miles de generaciones en su interior.

Jamás podría pensar en tener uno, ni siquiera sabía si esos árboles se vendían en los viveros. Un día que le llevé de mis guindillas a esta compañera María José, me comentó que dando un paseo con su hijo por esta calle de Granada, le pegó un tirón a una rama, se la guardó en el bolso y hoy día tiene una planta extraordinaria, que le agarró enseguida.

Inmediatamente le hice el encargo y el día 28 de junio apareció con mi plantita metida en una botella de agua.

Todos los días la he estado observando y al principio parecía que se mantenía imperturbable, paro en los últimos días he notado que sus hojas se están empezando a secar y que está perdiendo la vida. Me resisto a perderla, más aún, cuando veo que sus yemas todavía están fuertes y con vida. Espero que responda a tanto cariño y lo pueda sembrar en el lugar que ya le tenía asignado en encima del Cortijo.
Los mangos, por su parte, aunque han tirado un poco de fruta (y todavía tienen que tirar más) están primorosos, pienso que la cosecha va a ser superior a la del año pasado.

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