AMANTES DEL CAMPO

martes, 3 de julio de 2012

RECOGIENDO CEBOLLAS

En el año 1990 hice un viaje a Italia con la Asociación de Antiguos Redentoristas de Granada. Al margen de lo extraordinario del viaje y de la frescura de conocimientos que tenía tras acabar la Licenciatura de Historia, que por cierto me nombraron guía oficial de la expedición, conocí a Antonio Cebrián, un funcionario de la Seguridad Social, que tenía como afición el cultivo del huerto.

Yo por aquella época era lo que se podría llamar "un chico de ciudad", y todavía no tenía ninguna de las inclinaciones hacia la agricultura que hoy tengo y de las que ya no podría prescindir. Al campo iba de excursión, de senderismo, que lo practicaba con mucha frecuencia, tanto con los amigos como con mis alumnos de San Agustín. Me he recorrido todas las sierras de la provincia de Granada, algunas de Almería, Jaen, Málaga, Huelva, La Rioja, etc. y en varias ocasiones he hecho la Integral de Sierra Nevada. El objeto de mis salidas al campo era simplemente el de disfrutar, de aprovechar las enormes satisfacciones que  me ofrecía el contacto directo con la Naturaleza. Respecto a las salidas que hacía con mis alumnos adolescentes perseguía el inculcarles ese amor que sentía por todo la sano, por la natural, por lo puro. Después de tantos años y, cuando me veo con mis antiguos alumnos para recordar viejos tiempos, todavía me dicen: Don Javier, por qué no nos llevas de excursión durante algún fin de semana del verano. Yo, al verlos ya con niños bien crecidos, les digo que ya estoy viejo para esos trotes. Algún día puede que los reúna a todos y me los lleve de verdad al campo, cuantas cosas me gustaría enseñarles, pero ya de la vida real.

Recuerdo que el amigo Antonio (antes nombrado) cultivaba patatas en su pueblo, en Dúrcal y cuando comencé a meterme en este mundo de la horticultura, al cabo de los años, fui a hablar con él para que me hablara del campo, de los cultivos, de las labores agrícolas. Hablamos en varias ocasiones sobre patatas, tomates, cebollas, pepinos, etc. pero el consejo que me dio se me quedó grabado y he seguido practicándolo hasta la actualidad, fue que hablara con los agricultores de cada zona para aprender y no equivocarme, que la sabiduría que tenían acumulada a lo largo de toda su vida, era la mejor de las enseñanzas. Si quieres saber, me decía, como se cultivan las patatas en Almuñécar, habla con los agricultores de Almuñécar, ellos conocen el clima de la zona y cómo trabajar la tierra en ese lugar.
Pues bien, siguiendo su consejo, siempre donde voy, hablo con la gente del campo y les pregunto por todo lo que se me ocurre, por qué lo hacen de tal o cual manera, incluso por las cosas más intrascendentes. Y aquí es donde yo quería llegar. Hablando con mi vecina Elvira sobre la buena cosecha de cebollas que había tenido, me explicó como las conservaban ellos.
Me decía que si el tallo estaba aún verde, que ayudados de una cuerda los trenzaban y luego las colgaban igual que los ajos, pero si el tallo ya estaba seco del todo (como es el caso de mis cebollas) las recogían, las metían en una caja, las tapaban con hojas de plataneras y después las colgaban a la sombra en la rama de un aguacate, que se conservaban perfectamente hasta que necesitáramos usarlas.

Esa ha sido mi labor esta tarde, he recogido 2 cajas de cebollas, una de las babosas de Carches y otra de las de Motril, y las he colgado, como hace mi vecina Elvira Tere, en la rama de un aguacate.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada