AMANTES DEL CAMPO

jueves, 1 de septiembre de 2011

SEMBRANDO SEMILLAS DE MANGO

Los mangos fibrosos, los que no están injertados (también se les suele llamar "locos", "bordes" o "bravos") han empezado a madurarse. Su semilla es la más apropiada para que sirva de pie, de patrón de los futuros mangos. Son mangos que contienen mucha fibra, pero muy sabrosos, para comérselos hay que tener a mano gran cantidad de servilletas o un grifo con agua, ya que terminas con chorreones de mango por los carrillos de la cara y por las manos hasta las muñecas.

En el interior del hueso del mango hay una semilla que tiene forma de haba y de un tamaño superior a esta. La fertilidad de esta semilla es muy corta, por lo que es conveniente que una vez consumido se extraiga y se siembre inmediatamente.

La corteza que contiene la semilla es dura y se necesita una navaja bien afilada para cortarla. La semilla está muy adherida a la corteza, con lo que hay que tener cuidado al cortar ésta y no cortar también la semilla, aunque si la cortamos un poco no le afecta a la semilla. Yo suelo utilizar unos guantes gruesos para extraer la semilla porque en alguna ocasión me he cortado con los esfuerzos.

Esa semilla se puede enterrar en el suelo abriendo un agujero de unos 20 o 25 cm y rellenarlo posteriormente de mantillo. En ese mantillo se entierra muy poco la semilla, procurando que el lomo de la misma asome en la superficie (si se entierra más corremos el riesgo de que se pudra). Después se le coloca un punto de goteo y se procura que no le falte humedad hasta que brote la planta.

Este método tiene la ventaja que la raíz pivotante se clava verticalmente en la tierra y agarra con mucha fuerza. De esta manera nunca se nos secará un mango, aunque no lo reguemos.

El segundo método, que es el que yo voy a usar, consiste en preparar previamente unas bolsas con mantillo y una vez que obtengamos las semillas del mango colocarlas de idéntica manera que en el suelo. Hay que tener la tierra húmeda también hasta que brote la planta, que lo suele hacer a los 8 o 10 días.

Voy a utilizar este método porque el mango al ser muy sensible a la bajada de temperaturas, cuando llega el otoño en nuestra zona, se para y no vuelve a crecer hasta la primavera siguiente. Sin embargo, si coloco las plantas en el invernadero la temperatura no baja tanto con lo que consigo un ciclo de crecimiento mayor y por tanto un desarrollo mayor de la planta.

Cuando llega la primavera siguiente se obtienen unas plantas de un porte considerable, las tengo hasta junio fuera del invernadero, para que se vayan aclimatando, y en julio, que comienzan las crecidas fuertes del mango, lo planto en la tierra y pega un estirón tremendo.


Las raíces al llevar solamente un año en la bolsa no se han enrollado mucho y buscan el suelo sin problemas. Ya os contaré como preparo los hoyos de los mangos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada